Reflexiones

La agridulce cuestión de la nostalgia

Hablar de nostalgia siendo argentino es redundante y obvio. No hace falta entrar en detalles al respecto.

Añorar es un arma de doble filo en la cual, por un lado, hallamos refugio en aquel pasado supuestamente mejor, controlable y predecible por la obvia razón de que ya sucedió; y por el otro, nos vemos en la constante pérdida del instante presente, el cual sutilmente nos regala nuevas oportunidades y experiencias que refrescan nuestra vida, pero que en su lugar dejamos que se nos escapen.

La nostalgia es una amalgama agridulce de alegría pasada y duelo presente. Por algo que nos hizo felices ayer, pero nos duele hoy porque ya no existe.

Así y todo seguimos volviendo a ella cual relación tóxica que nos retiene de afrontar y recibir lo nuevo, congelando nuestra vida y privándola de verdadera plenitud. Volvemos a ella porque nos da un cierto sentido de seguridad mental, aunque lamentablemente ya no en calidad de amigos sino de esclavos voluntarios.

Se podría decir, a todo esto, que la nostalgia ya no es solo un hecho digno de un tango, sino un fenómeno cultural en sí mismo a lo largo y ancho de occidente. Basta asomarse y ver a la industria del entretenimiento en sus múltiples formas reeditando, remixando, relanzando o remasterizando productos de más de 20 años.

La cultura under del internet también hace lo suyo regresando a los 80s y 90s, evidenciado por el resurgimiento de géneros musicales como el synthwave, el vaporwave, el futurefunk y más recientemente la música jungle, el drum and bass, el breakbeat y toda su familia.

Saint Pepsi. Uno de los mayores referentes de la corriente vaporwave y su inconfundible sello de nostalgia y corporativismo retro.

Para muchísimas personas, mentalmente al menos, los 2010s fueron los 80s y lo que va de los 2020s se asemeja bastante a la era Y2K de finales de los 90s y principios de los 2000s. Y si bien esto no es tan homogéneo como parece, sobran señales de que hay un reciclaje considerable de cultura en nuestros tiempos.

La música jungle. Un valuarte de los 90s y parte de los 2000s.

¿Nostalgia generalizada o agotamiento cultural?

Algunas de las mayores preguntas que me hago a nivel personal son: ¿estamos agotados como cultura colectiva? ¿Por qué cada vez más y más tenemos que remontarnos al pasado para encontrar algo de dicha y alegría? ¿Acaso perdimos la capacidad de construir originalidad? Estas preguntas de hecho son bastante triviales en relación a la más importante que: ¿acaso somos capaces de afrontar los problemas actuales con respuestas actuales?

Si bien es cierto que los seres humanos no creamos a partir de la nada y precisamos fuentes de inspiración y referencia permanentes, también es cierto que tenemos que fluir y soltar. Desde lo individual no podemos cambiar toda la cultura de la noche a la mañana, aunque sí podemos hacer el trabajo de ejercer el desapego. Esto por el simple hecho de que aquellas macro estructuras que vemos tan “colosas” e inaccesibles, también están hechas de personas humanas de carne y hueso como vos y yo.

No quiere decir que haya que reprimir la nostalgia como sentimiento natural que es, aunque pienso que sí es valioso para el alma dejar que se la lleve el inmenso e infinito río del tiempo. Pienso que la nostalgia es como una porción de agua que no dejamos ir, estancada en una palangana. A medida que pasa el tiempo, esa agua se va echando a perder y los recuerdos que en ella viven se convierten en versiones cada vez distantes y borrosas de aquello que hace mucho nos hizo felices. Podemos vivir estancando agua en nuestra pequeña palangana o directamente meternos en el río, donde el agua siempre es fresca y nueva y donde su cauce trae cosas agradables y desagradables por igual.

Ese mismo trabajo llevado a la cultura, ayudaría enormemente a afrontar los severos problemas del mundo moderno, que en nada se parecen a los predicamentos de finales del siglo XX, con sus propios canones y guiones sociales y económicos.

Nuestros tiempos encierran diferentes y enormes desafíos. Muchos de ellos todavía no identificados. Claro está que no podemos resolverlos con las respuestas del pasado, ni mucho menos con la falsa seguridad de la nostalgia.

Los nuevos tiempos, también requieren de nuevas personas.

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