Experiencias

Ningún cliente es igual… Y eso es genial

Streamline. Es una palabra que se utiliza mucho y no es para menos. Con los tiempos cada vez más acelerados, la necesidad de optimizar y sistematizar procesos de trabajo es evidente. Hay frameworks y metodologías a rolete, por doquier y para cualquier necesidad y escenario.

Hay veces, sin embargo, en donde no siempre es posible sistematizar las cosas al pie de la letra. Y es entonces donde aparece un valor fundamental: la flexibilidad.

Siendo desarrollador web (no-code la mayoría del tiempo) me encuentro con que cada cliente es un mundo propio. Ni hablar cuando se trata de personas en otros países, con paradigmas y costumbres diferentes. Tenés personas focalizadas en su campo de trabajo, como así también personas más abiertas y experimentales, que buscan herramientas comprensivas y adaptativas sobre las cuales trabajar el desarrollo de sus marcas. Y todo el espectro en el medio.

El freelancer muchas veces se encuentra con personas de a pie exclusivamente abocadas a sus tareas de proveedores de productos o servicios. Es más que obvio que sus tiempos y energías para aprender y asimilar nuevas herramientas son limitados. Claro que no es imposible, aunque también es comprensible la renuencia con la que uno se encuentra en ocasiones.

La tarea de un desarrollador/diseñador entonces termina, muchas veces, excediendo el campo de incumbencia. No se trata solo de implementar algo, sino que además ese algo esté en armonía con lo que el cliente ya conoce, entiende, prefiere y utiliza. Decirlo suena obvio pero en la práctica es otra cosa.

Todo esto se aprende a base de prueba y error, pero tanto en los éxitos como en los fracasos, se trata de acompañar y permanecer siempre a disposición de la persona. Asesorando, intercambiando ideas y entrando en su mundo, listos para hacer descubrimientos propios de beneficio mutuo para todos los involucrados en un proyecto.

En lo que a mi experiencia personal respecta, es un proceso muy gratificante en el que suceden cosas sorprendentes. Aprendés no solo a trabajar con las herramientas que utiliza un cliente, sino también a trabajar JUNTO al cliente, al mismo tiempo que encontrás áreas y puntos de mejora, herramientas y otros recursos que no conocías y que aportan a la calidad general de tu trabajo.

Ahí es donde la palabra servicio toma valor, porque se trata de servir a los propósitos de la otra persona que confía en vos y deposita sus expectativas en lo que hacés.

Servicio, en definitiva, es la aspiración a que uno se vuelva compañero directo del cliente, con la garantía de ofrecer responsabilidad y transparencia en todas las etapas del proceso.

Al final del día, es una sucesión continua de “primeros pasos” que te lleva a lugares que jamás creías posibles.

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